yolandacanovas

Quiere lo que escribes y escribe lo que quieres.

EL GRAN AZUL 27 marzo, 2012

Filed under: Mejora personal. — yolandacanovas @ 6:04 PM

EL GRAN AZUL
Respuesta a tu consulta sobre si somos afortunados.
Paseo abajo, como otros años, con la ilusión de una oruga que pudiera ser consciente de su transformación en mariposa, andaba ayer mirando escaparates con indolencia y descaro, que para eso están los escaparates de las tiendas de lujo, para ver de cerca esos objetos de deseo y que te arranquen una sonrisa. Sueño, realidad, belleza, poder, estatus, en el fondo da igual, todo es tan antiguo como el hombre.
De pronto, en la acera, a unos metros de mí, lo vi. Era un muchacho con la espalda deforme, y la mostraba justificando por qué pedía limosna, quizás con más derecho que otros cuerpos sanos…
Pasé a su lado, como tantos otros, y a 3 o 4 metros algo dentro de mí me hizo volverme irremisiblemente hacia él. No me atreví a mirarlo más que a los ojos, ni siquiera me quité los walkman, me agaché y le di una moneda. El me miró, y entonces vi en sus ojos tantas cosas en un instante que me quedé desbordada.
Vi el azul del mar de los veranos de mi infancia, vi la pureza de los niños, azul bebé, vi el verde de la selva que nos sobrevivirá, aguamarinas al sol, transparencia, ilusión y vida. El me dio una piedrecita de cristal, de las que venden de relleno para los jarrones, de un montón que tenía preparado para agradecer las limosnas.
Agarré la piedra, y me di cuenta de que no oía lo que decía, porque no me había quitado los auriculares de las orejas, me levanté y me marché, guardando su piedra en el bolso.
Esta mañana, Paseo abajo, no sé si salí a buscarlo, y después de varios escaparates de belleza de pavo real, volví a encontrarlo. Tenía claro lo que iba a decirle, lo había pensado, necesitaba volver a mirarlo a los ojos y preguntarle si tenía un sitio donde dormir.
Acababa de llegar, todavía no había sacado de su mochila las piedras de gratitud, y me alegró mucho comprobar que tenía piernas, que era al menos capaz de caminar, que nadie lo había traido, que había llegado solo.
Me agaché, le di una moneda, me dio las gracias y volvió a mirarme. Esta vez llovía en la selva, todo olía a verde, y todos los mares del sur invitaban a la aventura, había camino para andar, y como el día anterior, ni rastro de rencor ni de desesperanza.
Le pregunté si tenía un sitio para dormir, y me dijo “Si, Dios te bendiga y te acompañe”. Yo le deseé lo mismo, porque, aunque no soy creyente, si su Dios le da esa fuerza, no me importaría encontrármelo.
Sal ahí fuera y comprueba lo afortunado que eres, y comparte tu suerte.

Anuncios
 

One Response to “EL GRAN AZUL”

  1. Ernesto Says:

    Quizás todos de alguna manera podemos ver si queremos a ” nuestro mendigo particular” cada día, eso nos haría ver q no deberíamos siquiera preguntarnos si somos afortunados….
    Lo somos……


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s